Con el permiso de mis amigos

                             

Estaré encantado de exponer aquí alguno de vuestros textos. Me los podéis hacer llegar a iconoclasta@iconoclasta.es junto con vuestros datos.
No se trata de un favor que os hago, se trata de un favor que me hacéis. Con vosotros tiene más importancia la página. Tampoco tengo mucho tiempo para pedir personalmente un texto para exponer en esta sección a mis queridos amigos.

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Mi gran amiga Nena Blue, me ha dado permiso para colgar una muestra de lo mucho y bien que raja con total fluidez y desfachatez sobre cualquier cosa que tenga que ver con el ayuntamiento carnal. Nena Blue tiene un blog sensual, sexual e inteligente.
Aquí, huye de lo hortera y habla de comerse un helado con toda su inteligente ambigüedad.
Este es su blog: http://www.nenablue.com/blog/
Que lo disfrutéis.
Buen sexo.
Iconoclasta
Cómo comerse un coño (6 Junio 2007 por nenablue)
…es un clásico de la red. Ya circula por demasiados sitios para que me repita comentándolo.

Yo creo que hay que ampliar campo y enseñar, por ejemplo, a comerse bien un helado. Ya es temporada de helados, y una Nenablue tiene que saber algunas reglas básicas para comérselos.

Primera: No utilices las manos. Siempre que puedas, hazlo todo con la boca. Quitar el papel a mordiscos, puede resultar más erótico que una danza del vientre.
Segunda: No muerdas. ¡Los mordiscos duelen!
Tercera: Tómatelo a lametones, pero lametones serios, de esos que enseñan la lengua llena de helado durante unos instantes. La lengua es sexy, muéstrala.
Cuarto: Emite pequeños gemidos de fruición. Los mmm, ahhh, hhhhm, … invitan al sexo. ¿Te está gustando? ¡Pues que se note! Como dicen las chicas tampax, ahora la moda es enseñarlo.
Quinto: Si chorrea, no pasa nada. Te lo chupas de los dedos. Cuando te chupes los dedos, sea con un helado o con marisco, un consejo: mírale a los ojos. Eso es capaz de seducir hasta a un monje budista.
Sexto: Haz pequeños amagos de metértelo todo en la boca, y luego sácalo. Si es con ruido de succión, mejor. No estás en La Zarzuela, esto no es una cena de gala, son preliminares del sexo.
Séptimo: Sorbe, succiona…maneja los labios sobre la vainilla (por cierto, es afrodisíaca, combínala con chocolate negro y adiós a las ostras).
Octavo: Para todo lo anterior, mejor no usar rouge de labios. Como mucho, un discreto perfilador. Si te los habías pintado para salir, te quitas el color con un discreto pero sensual movimiento de servilleta.
Noveno: Pide ayuda si es demasiado helado para ti. Compartir un helado es como realizar una felación juntos, eso une.
Décimo: Disfrútalo. Y logra que el helado también lo haga. Verás cómo su dueño te lo agradece. Sugerencias: Nata montada, chocolate rallado, licores, guindas…opcionales.
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Dana es una de mis primeras amistades en este medio. Es entrañable.
Como siempre tengo suerte en este aspecto, voy y me encuentro con Dana en el grupo Iconoclasta.
Y aprendí que el erótico es completamente distinto de lo que escribo yo. Yo escribo pornografía. El erotismo es mucho más difícil y requiere una especial sensibilidad. Así es Dana y Como estar en casa, es uno de sus últimos relatos, al menos que yo he leído. Y este es su blog: http://danacanadas.spaces.live.com/
Que lo disfrutéis.
Buen sexo.
Iconoclasta
Como estar en casa, por Dana (19-6-07)
Era puta, no sé si por vocación u obligación, la verdad es que, después de todo nunca se lo pregunté. Pero lo que sé es que era una buena puta, de esas que te hacen sentir un tipo afortunado porque una mujer como ella esta contigo, de esas con las que no quieres sólo follar y a las que crees sin pestañear, cuando te dicen sin hablar que eres el único hombre al que se lo harían sin pagar, aunque siempre dejase unos cuantos billetes encima de la mesa.

No me dijo jamás su verdadero nombre y con el tiempo llegué a olvidar que alguna vez lo tuvo.  Sencillamente era Ámbar, la de la líquida mirada de miel. Ámbar la que me sonreía desde la barra y con un gesto de su cabeza, certero como un balazo directo a mi corazón, me arrastraba hasta allí para invitarle a una copa. Y ella fingía que había sido yo quien quiso invitarla, mientras esa mirada fluida pestañeaba fija en mis pocas palabras.

Nunca supe el auténtico color de sus cabellos, pero daba igual si eran rubio platino como el de una lánguida actriz del cine en blanco y negro o vibrante pelirrojo como una peligrosa heroína de comic, yo podía pasarme horas enredado en ellos, deslizando mis manos por los mechones brillantes que desordenados caían sobre su espalda desnuda mientras dormía.

Hay verdades que lo son si las crees, aún cuando en la vida llegues a saber si lo fueron.

Sus largas piernas te descubrían las puertas del paraíso. Su aterciopelado pubis era el pecado donde uno puede perderse por toda una eternidad y sentirse redimido. Tenía tres lunares ascendiendo  sobre su ombligo que punteaban  el camino hasta la oscuridad profunda de sus pezones. Unos pechos pequeños, redondos y puntiagudos que siempre sabían a nuevos y la boca más roja que yo haya visto en mi vida.

Las noches que pasamos en aquel sucio motel eran como estar en casa. Si la pasta llegaba le pagaba un completo, sólo por amanecer enredado en ese cuerpo, hundido en esa piel y con el olor de su sudor impregnando mi nariz. Y cuando amanecía, compraba chocolatinas y coca-colas en la maquina del porche y desayunábamos desnudos en la cama mientras escuchábamos sonar jazz en la radio. Y siempre me tendía la mano para que la sacara a bailar, descalza sobre la mugrienta moqueta mientras me susurraba mentiras que aprendí a creer. Luego, antes de marcharse, ella me decía desde la puerta ‘Hasta la noche, amor’ y entonces yo era como esos hombres  con buena estrella a los que su mujer siempre les espera al volver a casa.

Yo nunca soñé con sacarla de aquello, ese sueño me quedaba grande. Me bastaba con despertarme a su lado unas cuantas mañanas al mes y creerme las mentiras de esos labios rojos que había besado hasta sentir la sangre palpitar en ellos.

Desapareció un buen día. En aquel cochambroso local de desteñidas cortinas  y taburetes de un raído skay rojo conmemorando una interminable barra mal iluminada por unas lámparas que descendían desde el techo y parecían morir decrepitas antes de acercarse a la rayada madera.

Ella estaba allí, elevada del suelo sin saber muy bien si sus piernas levitaban sobre los interminables tacones o su menudo cuerpo flotaba sin rozar el desgastado tapizado. Fumaba un cigarrillo rubio mientras  fingía beber ginebra sin hielo que ningún cliente había pagado. Me había mirado al entrar, no sé si triste o con la mirada más líquida y brillante que yo le recuerdo. Si hubiese sabido que aquella era la última vez que la vería, probablemente, no me hubiera levantado para retenerla entre mis brazos. Incline la cabeza a modo de saludo, le hice un gesto al barman que en seguida reconoció  y baje la vista a mi Bourbon a punto de expirar.

Entró un camionero y en ese deje tan familiar para mí, giró su deslumbrante cabellera hacia el tipo, descruzó sus piernas entreabriéndolas levemente, como mostrando el género sin dejar ver lo que ocultaba. Era una profesional, cojones, una puta en toda regla. Sabía perfectamente que mohín colocar en sus labios rojos. Se largaron.

No protesté. Hacía tiempo que había aprendido que si no tenía un socio en mis bolsillos para cerrar el trato lo mejor era mantenerme al margen. Y aquella noche sofocante de finales de Junio, mi paga se había esfumado invitándola a esa ginebra que apuró de un trago antes de desaparecer de mi vida.

No consigo recordar que llevaba puesto ella aquella noche.

He estado con muchas mujeres desde entonces, algunas putas y otras tan sólo aspirantes. Pero con ninguna he estado como en casa.
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A esta querida amiga y escritora, también se la conoce como
La Muerteschickita.
Adela V Alcalá G.

Mujer cosecha de estación

Nacida en “San Fernando de Austria”

“Valle de las Ánimas”

Hoy Zaragoza de Coahuila.

México.

Orgullosa heredera de una firme cultura de trabajo,

me descubro en letras

ofrendándome a los intensos matices de mi tierra brava.
 

Ha participado como invitada en tres antologías con diversos autores.

 

Antología “Desde los Tejados” 2006

Antología “Desde los Tejados” 2007

Versos libres, Poemas.

Editado en Puebla De la Calzada Badajoz, Es.

Con Auspicio de la Casa de la Cultura en Puebla.

 

Escritorio Poético     2008

Editado por Don Jaime Alfonso Luís León Cuadra. Escritor y Poeta.



Mujer: trazo de anhelo y suspiros…


 

 
Me he sujetado
porque la voz me abandona
para ir en pos del verbo.

De mi lengua temblorosa
brotan pertrechos
estrellando
mitos
obligándome ha concebir
una palabra inexistente
para el mundo que inventamos.

Atada
desollando letras
he creado un corazón
para luego malgastarlo
en suspiros.

¡Reverberen!
Versos y rimas
exorcicemos hemisferios
incendiemos las siluetas.

De barro, serpiente y manzana.

 

 © Adela V. Alcalá G.


Siento que muero amor

aquí
asida a la sombra del sentimiento.

Respirándote...

Soy lo que queda entre la risa
y el hielo
letras mustias
desconsuelo
nota triste
aprisionada
entre los pájaros muertos.

Mas nada puedo hacer amor
es mi sino
darle alas al silencio.

Siento que muero amor.

(Aquí

…respirándote)

 

© Adela V. Alcalá G.





A tú dulce reclamo amor
cuando me llamas
siguiendo tus pasos
huella
sobre huella
cedo
siempre cedo.
A la deriva
suspirando voy
si tú quieres amor
cobardemente
abandonando dudas
entre los zarzales.
Y no es que tu reclamo amor
de amor me hiera
es tan sólo corazón
que ya tu palpitar
no
me pertenece.

 

© Adela V. Alcalá G.



Cuando el deseo

yace
en las pupilas de un ciego
el mar es una palabra

dentro de una esfera
musitando sueños
para

no
marcar la arena.

 

© Adela V. Alcalá G.



Palabras en círculo
repetidas.

Tal vez…
Mi nombre
por ti pronunciado,
se equivoque

mientras el dolor
me invade.
(Volcada al barro)

¡Os conmino!

¡Vuelvan pasos a ser la tierra!

¡Deja viento de ser anhelo!

Mientras el dolor
me invade.
las voces
murmuran salmos

hiriendo la muralla.

Si ceder no quiero mi sangre a la espina.

Por qué, porque
diluvio.


© Adela V. Alcalá G.

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María Gabriela Aragón
gap_68@live.com.mx

Se propuso en su ánimo bajar y
llevarnos con ella al infierno de
las pasiones, lo consigue
cuando quiere. Este poema se
lo dedica al Iconoclasta. Me
puede más el orgullo que la
vergüenza, por ello lo dejo como
muestra de su literatura.
Con vosotros, mi querida Gaby.
A mi maestro (Iconoclasta)

Hoy te has vuelto mi maestro

me he apoderado del humeante

vibrante y seductor camino.

Cualquier mirada hacia ti

reacciona

unos huyen, se asquean,

vomitan sus miedos,

cierran sus ojos...

otros

vouyeristas de tu icono

se arrastran con cierto miedo

como bestias inseguras

buscando de tu mano

el febril alimento.

Me has enseñado tu reino

de alebrijes retorcidos,

inquietantes sensaciones,

apasionados manuscritos.

Convencida de tus risas adoloridas

envenenada de tus llantos burlones

así amanezco por tus noches

buscando el sangriento olor

en tus rosas copuladas.

Hoy me he vuelto tu alumna

te has apoderado del naciente instinto

que engendraste desde la primera vez

que recorrí tus sudadas y contaminadas letras.
.